top of page

Limpiar de bajo de la cama

Hay momentos en la vida en los que creemos que un pequeño cambio externo lo va a resolver todo. Ordenamos un poco, acomodamos lo visible, pasamos un trapito rápido por encima y nos decimos: “ya hice algo por mí”. Y sí, alivia. Calma. Da una sensación tibia de avance. Pero dura poco.


Limpiar solo por donde pasa la reina ,como dice Mivi, es limpiar para afuera. Es maquillaje emocional. Es mover la energía en la superficie mientras debajo de la cama sigue intacto lo que evitamos mirar.


Debajo de la cama está lo que no se ve.

Las conversaciones que no tuvimos.

Las decisiones que postergamos.

Los miedos que disfrazamos de ocupación.

Los patrones que repetimos porque son conocidos, aunque duelan.


Mientras eso siga ahí, el cambio no es real ni permanente. Solo es una pausa entre un ciclo y el mismo ciclo otra vez.


Hacerse cargo no es fácil. Nadie nos enseñó a mirar hacia adentro sin juicio, sin huir, sin culpar al entorno. Pero esa mirada es una responsabilidad personal. Nadie puede limpiar debajo de nuestra cama emocional por nosotros.


Cuando no lo hacemos, vivimos reaccionando a la energía externa: a lo que otros dicen, hacen o esperan. Cuando sí lo hacemos, algo cambia de verdad. El orden deja de depender del afuera. La paz ya no es prestada. La transformación se vuelve propia.


Limpiar debajo de la cama es incómodo. Requiere agacharse. Ensuciarse las manos. Detenerse.

Pero es ahí donde ocurre el verdadero cambio.

No en lo visible.

No en lo bonito.

Sino en lo honesto.


Porque solo cuando nos atrevemos a mirar lo que no se ve, dejamos de repetir lo mismo con distinta forma y empezamos, por fin, a transformarnos desde adentro.

 
 
 

Comentarios


bottom of page